Explore "La silla del águila" by Carlos Fuentes on Textopian. Read with annotations and highlights.
Pepona, mi amor añorado, esta insólita situación nacional nos aleja aún más, pero nos acerca espiritualmente más que nunca… La lejanía siempre me ha aproximado a ti, amor mío, porque estar separados significa desearnos más, con más intensidad. ¿No te pasa lo mismo, cariño? Tú en Mérida, yo en la capital. Tú en una ciudad bella, amable y serena. Yo en esta metrópoli asfixiada, tumultuosa, grosera, insalubre. Tú rodeada de gente graciosa, cordial y sencilla. Yo ahogado dentro de un automóvil que me lleva del apartamento a la oficina y de regreso bien tarde cada noche, sin más compensación, hasta hace unos días, que nuestra conversación telefónica al sonar las doce. Ahora ni eso. Se me escapa tu dulce voz, debo imaginarla, me limito a escribirte. Y aquí me tienes, rodeado todo el día de enemigos, objeto de ataques y caricaturas en la prensa ("Andino, ándate ya del gobierno", "Andino a los Andes, el Presidente a la Madre… Sierra", etc.)
y de intrigas y zancadillas en los corredores de la burocracia. ¡Qué contraria a mi verdadera naturaleza es esta máscara de tecnócrata helado y eficiente que debo colocarme cada mañana! Antes, necesitaba un espejo para ensayar mi rostro de burócrata implacable. Ya no hace falta, mi Pepona. La máscara se ha convertido en la cara, severa, cejijunta, de labios apretados y nariz de huelemierda. Cejas circunflejadas por la duda.