Explore "La silla del águila" by Carlos Fuentes on Textopian. Read with annotations and highlights.
Mi general, usted y yo estamos en comunicación constante y cordial. Le consta que siempre he reconocido su superioridad jerárquica y, por encima de todo, por encima de usted y de mí, la del señor Presidente de la República, Jefe Nato de las Fuerzas Armadas. Pues bien, mi general, con la franqueza de siempre le advierto que este chingado país se nos está saliendo del huacal. Ah caray, qué orgullosos nos sentimos de que setenta millones de mexicanos tengan veinte años o menos. Un país de niños. ¿Usted los ha oído? ¿Ha acercado la oreja al piso? ¿Cómo cree que esos jóvenes ven a la momiza que los gobierna, es decir los cincuenta millones restantes? ¿Qué edad tiene usted? ¿Cincuenta, cincuenta y dos? Y yo, ¿sesenta y cuatro, sesenta y cinco? Vaya, que los registros de mi pueblo perdido en el estado de Hidalgo no son muy confiables -si es que existe el estado de Hidalgo, una invención para separar a la Ciudad de México de estados rivales y peligrosos como Michoacán y jalisco.
Vaya, el Uruguay de México, nomás que pobre y sin registros. En fin, mi general, que usted y yo estamos en la flor de la edad, decía mi abuelita. Pero la ruquiza entumida, así dicen de nosotros los jóvenes.