El fistol del diablo coverCAPÍTULO 20
CAPÍTULO 20

PARTE IV

La sombra de Teresa

CAPÍTULO 20Visible text2 paragraphs
Arturo y Josesito, con una incansable actividad acabaron de formar su plan, lo comunicaron a sus amigos, y aunque no dejaron de coger, como suele decirse, ninguno de los hilos, ni omitieron ninguna de las precauciones necesarias, temían que cualquiera circunstancia imprevista frustrase el golpe que meditaban, o la malicia y astucia de don Pedro los dejase burlados por la postrera vez; sin embargo, no podían ya ni retroceder ni hacer otra cosa, y estaban dispuestos a aventurar hasta su vida con tal de apoderarse de los importantes documentos que les había indicado Rugiero.
Poco después de las ocho se presentó Josesito en casa de don Pedro. Como la criada, impaciente y deseosa de ver a Teresa, les había ayudado eficazmente en su intento, el portero, prevenido de antemano, ninguna dificultad tuvo en dejarlo subir. Josesito, pues, haciéndose el tonto y desentendido, penetró a la asistencia, de la asistencia a la recámara y de ésta a una especie de oratorio, donde encontró a don Pedro arrodillado, con un grueso rosario en la mano, rodeado de criados: estaba justamente en el último requiem, se supone que por el alma de su querida pupila. Don Pedro se limpió los ojos, que diz que tenía húmedos por el llanto que había derramado durante el rezo, se puso en pie, y al tiempo de apagar una vela de cera que ardía delante de la imagen de la Virgen de los Dolores, engastada en un ancho y labrado marco de plata, divisó a Josesito, cuya figura desencajada, pero atrevida y resuelta, se asomaba por la puerta.