El fistol del diablo coverCAPÍTULO 23
CAPÍTULO 23

PARTE IV

Altos personajes

CAPÍTULO 23Visible text2 paragraphs
El mundo es curioso, y mucho más curioso el mundo de México, donde las cosas más graves y más serias pasan al estado de chanza a la hora menos pensada, y donde los más eminentes peligros, sin fanfarronada ni quijotismo, se ven con indiferencia, y pronto tendremos motivo de comprobar ésta, que puede pasar por verdad indiscutible.
Mientras un hombre tímido y previsor vende su propiedad, Luis la compra sin autorización de la persona a quien va a pertenecer; mientras unos piensan en tapiceros y artesanos para su lujo y comodidad, los jueces y magistrados, faltándoles hasta para pagar una miserable casa, prevarican y venden la justicia en contra de los intereses de los mismos que gastan su poco dinero en el lujo, mientras advenedizos extranjeros, en consorcio y sociedad con ricos y aristócratas mexicanos, hacen su fortuna con las rentas nacionales; los soldados heridos se arrastran por los caminos sin tener ni una venda ni una hila con que restañar su sangre; pero de tales cosas no se hace el menor caso ni se les da importancia ninguna. El rico no abandona en su lustroso carruaje el paseo de Bucareli en las tardes. En los cafés mucha gente hablando mal de todo el mundo, y todo el mundo aguantando con paciencia cualquier género de males. El sol asomando su roja faz por la cumbre de un cerro, y hundiéndola indefectiblemente en la tarde por la cúspide de una montaña. Monotonía en el mal como en el bien; orden en medio del desorden. Éste es el mundo en general, y este también, porque no puede ser de otra manera, el mundo de México. Un producto igual, resultante de una misma masa humana hecha de barro deleznable y algunas veces de lodo nauseabundo.