CAPÍTULO 25
PARTE IV
Un buen amigo
CAPÍTULO 25Visible text2 paragraphs
Don Pedro se encaminó a la catedral, tuvo tiempo de oír de rodillas y con mucha devoción su misa en el altar del Perdón, de allí pasó al Arzobispado a conferenciar con el provisor, y poco después de medio día se presentó en el Palacio en las habitaciones de un alto personaje y fue recibido en el acto.
El alto personaje era un hombre efectivamente de alto cuerpo, muy erguido, a pesar de la edad, flaco, pero con duros nervios, pómulos salientes, ojillos claros, vivos y benévolos, no obstante que quisieran aparecer siempre enojados. Este personaje, y de veras poderoso en esos momentos, era de carácter irascible y nervioso, tenaz como ninguno, con cierta decisión y autoridad para mandar, sin ningún miedo a la muerte, confiado ciegamente en su pueblo, como le llamaba, y con convicciones políticas ultraliberales, que nadie era capaz, no sólo de cambiar, pero ni aun de modificar ni en lo más insignificante, pero con todo y esto, en el fondo era bueno, de una honradez y desprendimiento ejemplares y de una buena fe tal, que no era difícil sorprenderlo y engañarlo. Don Pedro lo conocía, lo había tratado mucho, y en sus épocas de desgracia había tenido oportunidad de hacerle algunos favores y aun de ocultarlo en su casa, una vez que fue perseguido por la policía del gobierno dictatorial.
