El fistol del diablo coverCAPÍTULO 10
CAPÍTULO 10

PARTE V

Ataque a la línea y batalla en el fuerte

CAPÍTULO 10Visible text2 paragraphs
El toque de diana en los cuarteles y fortines de los pronunciados, y el estampido de los cañones del Palacio, sacaron a Arturo de su enajenamiento. Jamás había pasado una noche igual en su vida. Se tocaba el cuerpo y veía asombrado el sitio en que se encontraba, y no sabía si lo que le había pasado era realidad o sueño, pero a sus labios estaban pegados todavía unos labios suaves, y se estremecía como si sintiese de nuevo el amoroso y ardiente beso de la gentil Aurora. En ese momento olvidó que estaba la ciudad en plena revolución, que era jefe de un punto fortificado de mucha importancia, y que del éxito de la lucha dependía tal vez su suerte y su porvenir. Creía que al anochecer podría marcharse a la quinta de Teresa y sostener él, con la historia de sus amores, el interés y el atractivo de la tercera velada. Valentín estaba ya casado, y el matrimonio de Juan Bolao con Carmela, el del capitán con Teresa y el suyo con Aurora, formarían el cuadro completo, y en lo de adelante no habría sino festejos, bailes, banquetes, amores, viajes, alegría y goces interminables. La gloria eterna, como quien dice.
Preocupado en fabricar en su imaginación miles de castillos en el aire, se paseaba de uno al otro lado del cuerpo de guardia, cuando se le presentó Josesito arrastrando un largo sable con cubierta de acero muy bruñida, y vestido con el antiguo uniforme de los empleados en la Comisaría de guerra.