Crítica de la razón dialéctica, Tomo 1

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He dicho que aceptamos sin reservas las tesis expuestas por Engels en su carta a Marx: «Los hombres hacen la historia por sí mismos en un medio dado que les condiciona». Sin embargo, este texto no es de los más claros, y se pueden hacer distintas interpretaciones de él. En efecto, ¿cómo tenemos que entender que el hombre hace la Historia si por otra parte la Historia le hace a él? Al parecer el marxismo idealista ha elegido la interpretación más fácil: el hombre, enteramente determinado por las circunstancias anteriores, es decir, en último término, por las condiciones económicas, resulta un producto pasivo, una suma de reflejos condicionados. Pero este objeto inerte, al injertarse en el campo social, en medio de otras inercias no menos condicionadas, contribuye, a causa de la natura-raleza recibida, a precipitar o a frenar «el curso del mundo»; cambia a la sociedad, de la misma manera que una bomba, sin dejar de obedecer al principio de inercia, puede destruir una casa.

En tal caso, no habría ninguna diferencia entre el agente humano y la máquina. En efecto, Marx escribe: «La invención de un nuevo instrumento de guerra, el arma de fuego, tenía que modificar forzosamente toda la organización interior del ejército, las relaciones existentes entre los individuos que forman un ejército y que hacen de éste un todo organizado, y en fin, igualmente, las relaciones entre diferentes ejércitos». Es decir, que aquí la ventaja parece que son el arma o la herramienta quienes la tienen: todo queda revuelto a causa de su simple aparición. Esta concepción se puede resumir con las siguientes declaraciones del Courrier Européen (de San Petersburgo): «Marx considera la evolución social como un proceso natural regido por unas leyes que no dependen de la voluntad, de la conciencia, ni de la intención de los hombres, sino que, por el contrario, las determinan». Marx las cita en el segundo prefacio del Capital. ¿Las toma por cuenta propia?

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