Las noches mejicanas by Gustave Aimard — Read

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La conducta reservada que doña Dolores guardara para con el conde de Saulay desde la llegada de éste a la hacienda del Arenal, se armonizaba muy poco con los planes de boda proyectados por las dos familias. La joven no había sostenido conversación particular alguna con aquél a quien hasta cierto punto debía considerarlo su prometido, ni siquiera le había demostrado la más inocente familiaridad; al par que se mostraba cortés y aun bondadosa, desde el instante en que se vieran tuvo la maña de levantar una valla entre ella y el conde, valla que éste nunca se había atrevido a franquear, y que, tal vez contra sus deseos, le condenara a no traspasar los límites de la más rígida reserva.

En tales condiciones, y máxime después de la escena de que en la noche precedente había sido testigo, se comprende la estupefacción del joven al enterarse de que doña Dolores solicitaba de él una entrevista.

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