Explore "Las noches mejicanas" by Gustave Aimard on Textopian. Read with annotations and highlights.
No bien hubo llegado a su casa, el conde dictó sus disposiciones para partir inmediatamente, olvidándose por completo del asunto que le llevara a Bruneck. Por otra parte, por muy importante que le hubiese sido el asunto, no hubiera sido parte a retenerle; tal era la priesa que de alejarse sentía aquél.
Sin embargo, no tuvo más remedio que permanecer todavía algunas horas más en la ciudad, por no ser posible disponer de caballos hasta las tres de la tarde.