Explore "Historia de la compañía de Jesús en Nueva España" by Francisco Javier Alegre on Textopian. Read with annotations and highlights.
La provincia de Sinaloa está como trescientas leguas al Noroeste de México, y se entiende como ciento y treinta leguas a lo largo de la costa oriental del golfo de Cortés o seno de la California. Por el Norte tiene por límite a la provincia de Sonora: por el Sur la provincia de Culiacán, y una parte del mar Bermejo o seno californio, que la limita también al Oeste. Por el Oriente tiene la Taraumara y una parte de la provincia Tepehuana; la Calimaya, dice el padre Rivas, comienza desde 27 grados de latitud Septentrional, y se extiende el país donde se ha predicado el Evangelio hasta los 32. El padre siguió verosímilmente la demarcación de Laet de algunos otros antiguos geógrafos, y comprendió bajo el nombre de Sinaloa una gran parte de la provincia de Sonora, en que ya desde su tiempo tenía la Compañía varias misiones, como se ve en el capítulo 18 del libro de su historia. Los últimos mapas de nuestros misioneros no dan a Sinaloa sino 4 grados de extensión por la costa desde 24, 20 hasta 28, 15. Toda la provincia de Sudeste a Noroeste, está partida por una cordillera de montes muy altos que llaman Sierra Madre, que con poca interrupción corre por toda la costa de una y otra América, hasta el estrecho de Magallanes. Esta división ha sido causa de que la nación de los Chinipas, que cae al Oriente de dicha serranía, se mire alguna vez como provincia separada de la ciudad, quedando este nombre a solo aquellos valles que corren entre el mar y la sierra, y que riegan los cinco ríos en que están partidas todas estas naciones. Todos ellos tienen su origen a la falda de los montes, y todos desembocan igualmente en el golfo de California. El más septentrional y más caudaloso es el Yaqui, que nace en la parte oriental de la sierra, y después de haber formado por la Sonora un vasto semicírculo, y enriquecido con las aguas de otros ríos, desemboca por Sinaloa, como a los 27 grados y 10 minutos. El segundo hacia el Sur, es el Mayo que sale al mar en 27 grados, aumentado con cuatrocientos cinco ríos menores. El tercero el Zuague, a cuya rivera austral estuvo en otro tiempo la villa de San Juan Bautista de Carapoa, que después fabricado el fuerte de Montesclaros, se llamó Río del Fuerte, y el padre Andrés Pérez llama por antonomasia el río de Sinaloa. En esta entra por el Sur el río de Ocoroni, y juntos desembocan a los 25 grados y 20 minutos. El cuarto es el río de Petatlán, ahora comúnmente conocido de los geógrafos por el río de Sinaloa, por haberse fabricado allí la capital de la provincia con el nombre de San Felipe y Santiago, después de la ruina de Carapoa.
Llámanle también río de la Villa, y antiguamente tuvo el nombre de Tamotchala, con que le llama Laet, o Tamazuela, pequeño pueblo por donde se arroja al mar con altura de 24 grados y 38 minutos. El quinto es el pequeño río de Mocorito, así llamado a causa de un pueblo situado a pocas leguas de su origen. Antiguamente se llamó de Sebastián de Evora, y algunos lo han confundido con el de Petatlán, y aun con el de Piaztla, muchas leguas distante. El río de Mecorito es el límite de Topía y Sinaloa, y sale al mar en altura de 24 grados y 20 minutos. Estos ríos en tiempo de las lluvias, aunque en la costa no son muy copiosas, engrosados con las vertientes de la sierra, tienen como el Nilo sus desbordes periódicos, con que mudan y fertilizan las campiñas cercanas hasta dos y tres leguas. Por lo demás, el terreno, aunque plano, es por sí mismo seco, y el temple caloroso como en cuasi todas las costas de la América. En estos valles hay selvas y bosques de tres y seis leguas en que se encuentra el palo del Brasil, y no es muy escaso el ébano. Son abundantes de caza, como los ríos de pesca, singularmente en su embocadura, en que afirma como testigo de vista el padre Rivas, haber sacado los indios en menos de dos horas más de cincuenta arrobas de pescado. La tierra misma en sus arcabucos y sus breñas, está mostrando la riqueza que oculta en minas, de que se tuvo noticia muy a los principios de su descubrimiento, y que la pobreza de sus habitadores no ha podido cultivar después.