Historia de la compañía de Jesús en Nueva España

Explore "Historia de la compañía de Jesús en Nueva España" by Francisco Javier Alegre on Textopian. Read with annotations and highlights.

Lo que la cercanía de los españoles no permitió lograr a los tahues, conseguían con grande utilidad suya los tepehuanes. El padre Francisco Ramírez avanzó este año hasta el valle de Atotonilco. Hay en él cinco pueblos que recibieron al padre con extrema alegría. Celebrados allí en la semana santa los sagrados misterios y reducidos a determinada población algunos montaraces, de ahí volvió a la Sauceda, en que la hambre había obligado a bajar de sus sierras un gran número de bárbaros, que oyeren por la primera vez las palabras de salud. Aquí tuvo noticia el fervoroso misionero de una pequeña población no muy distante, en que hasta entonces no había sido anunciado el reino de Jesucristo. Partió luego para allá, y preguntando a los moradores por qué no iban a la iglesia a oír, como los demás la palabra de Dios, y a pedir el santo bautismo, respondiéronle que no iban a la iglesia por no morirse: que los vivos no podían estar seguros entre los muertos; que ellos estaban en sus casas y los muertos en la suya; así llamaban a la iglesia por haber visto que en ella se daba sepultura a los cadáveres. El padre tomó de aquí ocasión para desengañarlos de su error y hablarles de la necesidad que tenemos todos de morir y de la esperanza que alienta a los cristianos de la vida eterna e inmortal para que Dios crio al hombre. Oyéronle con suma atención, y el padre les envió luego una Cruz y un catequista que les enseñase la doctrina. Colocáronla en medio de sus pobres chozas, y al rededor de ella se juntaban dos veces al día para disponerse al bautismo. De aquí pasó a un monte cercano, en que como otras tantas fieras vivían los indios en las cuevas y las aberturas de las rocas entre quebradas impracticables. El primer día, después de mucha fatiga y cansancio, vio un indio en lo más alto de la roca. Subió luego con inmenso trabajo y poco fruto, porque el bárbaro, armado de arco y flecha en una mano, y con una sarta de pescado en la otra, a la presencia de un hombre desconocido, sin hablar palabra, le puso delante el pescado, y corrió con admirable velocidad a ocultarse en la espesura.

Quedó sumamente desconsolado el varón de Dios; sin embargo, perseveró ocho días buscando entre aquellas grutas y picachos inaccesibles las preciosas almas. Bendijo el Señor su constancia, porque con una docilidad cuasi sin ejemplo, al fin de este tiempo bajaron siguiendo al misionero cargados de sus hijuelos y sus pobres alhajas a poblarse en el valle. Fabricaron chozas y una pequeña capilla en que asistían a la doctrina. En uno de aquellos días, en presencia de los salvajes y de algunos españoles que habían venido a misa, llegó de un pueblo distante seis leguas una india joven, vestida decentemente al uso mexicano, y acompañada de muchos de sus deudos a pedir el bautismo. Díjosele que no podía recibirlo sin estar suficientemente instruida en la creencia y obligaciones de nuestra religión. Bien sé todo eso (respondió) y he procurado disponerme para este favor, sin el cual he resuelto no volver a mi patria. El padre, después de algunas preguntas, hallándola perfectamente capaz, le confirió el bautismo con mucho consuelo suyo y piadosa emulación de los catecúmenos, a quienes dejó confusos la suficiencia y fervor de la extranjera.

Reading navigation