Historia de la compañía de Jesús en Nueva España

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Con tales sucesos como estos, bendecía Dios los trabajos de nuestros operarios. De todas partes venían al padre provincial noticias que lo llenaban del más sólido consuelo, y creyendo que causarían este mismo efecto en el ánimo del padre general Everardo Mercuriano, y de todos los jesuitas de Europa, determinó no tenerlos más tiempo privados de tan agradables maestros. Juntó congregación provincial para elegir procuradores a las dos cortes de Roma y Madrid. Esta providencia, fuera de estar muy recomendada en nuestro instituto, pareció necesaria en las circunstancias de una nueva provincia para la confirmación de los colegios, asignación de sus respectivos rectores, y una individual relación de sus progresos. Debían pedirse varios reglamentos para lo venidero a nuestro padre general, y darse cuenta muy exacta al rey católico de una obra que su Majestad había querido mirar como suya y promover con tanta dignación.

Los únicos vocales de semejantes asambleas, según nuestras constituciones, deben ser los profesos de cuarto voto. Pero en treinta sujetos, o poco más, de que entonces se componía la pequeña provincia, no se hallaba de este carácter sino uno solo, fuera del padre provincial, que era el padre Pedro Díaz. Tanto se ha juzgado siempre digna de aprecio esta cualidad en la Compañía. El padre doctor Pedro Sánchez, para suplir este defecto, nombró consultores de provincia y admonitor suyo. A estos, dice el padre Juan Sánchez en un retazo de historia que nos ha quedado de su mano, se dio voto en congregación que con tanta simplicidad y lisura se procedía en aquel tiempo, y juntos todos, que fueron cinco, eligieron por procurador al padre Pedro Díaz, actual rector del colegio de Oaxaca, sujeto capaz de dar en aquellos grandes teatros mucho crédito a la provincia, y de manejar con aire les importantes asuntos de que se había encargado. Se le dio por substituto al padre Alonso Ruiz, que un año antes había venido de la Europa. Esta fue la primera congregación de la provincia de Nueva-España, celebrada el 5 de octubre de 1577. Por estar ya tan avanzada hacia el invierno la estación, no pudieron los navíos salir de Veracruz hasta la siguiente primavera. Fuera de los domésticos negocios llevaban a su cuidado algunos otros del señor arzobispo, y muchos curiosos presentes de este prelado para el Sumo Pontífice Gregorio XIII, en que no tanto hacía alarde de sus rentas y riquezas como de la veneración y respeto con que reconocía y protestaba la dependencia y unión a la soberana cabeza de la iglesia. Imágenes muy exquisitas de pluma de diversas especies, de bálsamos, piedras besoares, singulares raíces, y otras cosas medicinales; grande acción de piedad, en que conforme a la antigua disciplina se hizo servir a la religión y a la fe lo que sacrifica el mundo a su profanidad y ambición. A fines de este mismo mes comenzó a leer su curso de filosofía el padre doctor Antonio Rubio. Los grandes aplausos que tuvo este docto escritor en la América, merecen que se haga de él esta particular memoria. Después de algunos años de cátedra, que gastó en pulir aquellas mismas doctrinas, partiendo a Roma de procurador de la provincia, imprimió en España el celebrado curso filosófico que ha eternizado su nombre. La Universidad de Alcalá por auto muy honorífico a la Compañía y al padre Rubio, mandó que todo los cursantes de aquella famosa academia, siguiesen aquel mismo plan de filosofía con grande gloria de la Universidad de México, de cuyo gremio salió tan celebrado maestro.

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