Explore "Historia de la compañía de Jesús en Nueva España" by Francisco Javier Alegre on Textopian. Read with annotations and highlights.
Había determinado por este mismo tiempo el ilustrísimo señor don fray Juan de Medina Rincón, que actualmente presidía aquella iglesia pasar de Pátzcuaro a Valladolid la Catedral de Michoacán. Habíase intentado esta traslación desde el tiempo del señor don Antonio Morales, segundo pastor de aquella iglesia. Obtúvose la bula de su santidad y la licencia del rey católico; pero las dificultades con que se tropezaba en la ejecución, fueron tantas, que dicho señor pasó, como cirros, al obispado de Tlaxcala sin haberse podido resolver a poner en práctica sus designios. El señor don Juan de Medina, que le sucedió en el obispado y fomentaba el mismo deseo, tuvo que luchar algún tiempo con muelles de los republicanos, y los más ancianos de su cabildo, que no podían resolverse a dejar sus casas y las antiguas comodidades de Pátzcuaro, a quien miraban como a hechura suya, y como una tierna memoria de su primer obispo y padre don Vasco de Quiroga. Alegaban que el santo prelado había escogido aquel lugar por divina revelación. En efecto, era fama común que solicitó el señor don Vasco de un lugar a propósito para establecer su silla episcopal, y recorriendo para este efecto su diócesis, llegó a Pátzcuaro, donde no halló más que un carrizal a la falda de una pequeña altura. Pasó allí en oración gran parte de la noche, y sobrecogido del sueño, se le apareció el doctor de la iglesia San Ambrosio, diciéndole, que dejase allí su residencia: se cree, que al golpe de su báculo brotó a la falda de aquel montecillo un ojo de agua, saludable y cristalina, de que se provee todo el lugar, y a cuya educación milagrosa, fuera de la común tradición, favorecen no pocas de las antiguas pinturas. El suceso pareció mostrar que había sido del cielo la elección. Los indios, en número de más de treinta mil, dejaron con gusto sus pueblos por venir a establecerse en la nueva ciudad. Los más de los españoles, que desde el tiempo de Cortés, bajo la conducta de Cristóbal de Olid, se habían establecido en Tzinzunza, se pasaron a Pátzcuaro, que se hizo desde entonces el centro de todo el comercio, y como la corto de Michoacán. A pesar de la contradicción de los antiguos capitulares, que ya eran pocos en el cabildo que se juntó para explorar, según el tenor de las bulas, su consentimiento, quedó resuelta la traslación por la mayor parte de los vocales. Leyéronse luego las reales cédulas, en que su Majestad mandaba se trasladase a Valladolid el alcalde mayor, justicia y regimiento de Pátzcuaro. La nueva metrópoli no distaba de allí sino siete leguas al Este Surueste. Hasta entonces no había sido sino un ruin cortijo con ocho u diez casas de españoles, y dos conventos de San Francisco y San Agustín. Esta ciudad, pretenden algunos, haberla fundado el maestre de campo, Cristóbal de -130→ Olid, y que de su apellido y la última sílaba de su nombre, se le dio el que tiene. De esta opinión ha sido Gil González de Ávila, de donde sin duda le tomaron el padre Murillo y algunos otros modernos a quienes favorece Bernal Díaz del Castillo, autor poco exacto en este género de noticias.
No sabemos que tenga más fundamento esta opinión, que la analogía del nombre, y saberse por otra parte que Hernando Cortés, mandó a Cristóbal de Olid a Michoacán con cien infantes y cuarenta caballos; pero estos, no se establecieron sino en Sinsonza, y de allí pasaron algunos a Colima a descubrir y pacificar la Costa. Parece lo más cierto, que la ciudad de Valladolid la fundó don Antonio de Mendoza, primer virrey de Nueva-España. Con ocasión de ir a pacificar los rebeldes de Suchipila, jurisdicción de la Nueva Galicia, se dice haber pasado por aquel país, cuya hermosa vista le encantó. Determinado a fundar en aquella rasa y fértil campiña una ciudad, que fuese algún día la capital de la provincia, hizo en nombre del rey merced de tierras a los que quisiesen poblar en aquel sitio. Otros piensan haber sido con el motivo de una caza. En efecto, sabemos cuanta era la afición de este señor a este noble ejercicio, y que de la que hizo uso de los antiguos mexicanos en las vecindades de San Juan del Río, dura aun fresca la fama en el llano hermoso que conserva hasta hoy el nombre del Cazadero. Sea de esto lo que fuere, la ciudad está como a sesenta leguas al Oeste de México. La abundancia del país, genio y religión de sus antiguos habitadores, es muy semejante a la de Pátzcuaro, de quien ya hemos hablado. Le dan sus naturales el nombre de Guayangaréo. Herrera la pone en 19 grados 10 minutos de latitud boreal; los más modernos en 20. El primer convento que tuvo fue el de San Francisco, fundado por fray Antonio de Lisboa. Sobrevino la religión de San Agustín, que allí tiene un magnífico convento, cabecera de una religiosísima provincia. Los Carmelitas se establecieron por los años de 1593, en tiempo del ilustrísimo señor don fray Alonso Guerra, que fundó también el monasterio de Santa Catarina, sujeto al ordinario.