Explore "Historia de la compañía de Jesús en Nueva España" by Francisco Javier Alegre on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cuasi al mismo tiempo que sobre estos cimientos se fundaba el colegio de Valladolid, el padre Hernando Suárez de la Concha corría en fervorosas misiones el territorio de la Puebla. En todas partes hallaba mucho en que emplearse su celo infatigable. En los pocos años que llevaba de América había caminado ya en este apostólico ejercicio todo el arzobispado de México y obispado de la Puebla; dos o más veces había corrido el de Michoacán, otras tantas la Nueva Galicia, y una gran parte do la Nueva-Vizcaya. De los cuatro colegios que hasta entonces contaba la provincia, dos puede decirse con verdad, se debían al buen olor de edificación que este grande hombre había dejado de la Compañía en sus excursiones apostólicas. Presto lo veremos echar los fundamentos de otro más ilustre en la ciudad de los Ángeles. Ocupábase el padre en hacer misión en la villa de Carrión o de Atlixco, a pocas leguas de Puebla, cuando recibió orden de pasar allí a predicar la cuaresma. No era esta la primera ocasión que había hecho cruda guerra a los vicios en aquel mismo campo. En la ocasión presente pareció haberse excedido mucho a sí mismo en la fuerza y energía de su elocuencia, y haberse multiplicado el trabajo. No parecía posible que un hombre solo pudiese predicar con tanta frecuencia y tanto ardor, entregarse tan de espacio y con tanta tranquilidad al consuelo de los penitentes, responder tantas consultas, y componer tantos litigantes, que con una entera eficacia se comprometían en su persona. Una caridad tan oficiosa y tan enteramente consagrada sin algún interés personal a la utilidad pública, convirtió así los ojos de toda la ciudad. Comenzose a tratar con ardor de la fundación de un colegio; no eran nuevos estos deseos en aquella ilustre república. Desde que pasaron por allí los primeros jesuitas en su viaje a México había pretendido detenerlos. Dijimos como el doctor don Alonso Gutiérrez Pacheco, primer comisario del Santo Oficio y segundo arcediano de aquella Santa Iglesia, los había sacado del mesón y obsequiádolos en su casa. Este ilustre prebendado no olvidó jamás la palabra que le dio entonces el padre Pedro Sánchez, y había procurado fomentar en su cabildo los mismos deseos. El ilustrísimo señor don Antonio Ruiz Morales, quinto obispo de aquella ciudad, que había quedado muy edificado de las religiosas virtudes del padre Juan Curiel en Michoacán, y de los otros padres que había tratado en México, contribuyó no poco a hacerles formar un alto concepto de nuestro instituto, como que de cuya observancia acababan de ver una prueba bien sensible en el deseo de aquella misión y de otra antecedente.
Este señor había muerto un año antes, y gobernaba el cabildo Sede vacante, en el cual don Alonso Pacheco tenía una grande autoridad y estimación, aun más que por su dignidad, por su gran virtud y literatura, que lo merecieron algunos anos después el honor de ser diputado a Roma, para impetrar del Sumo Pontífice Paulo V la confirmación del concilio mexicano. No le fue difícil persuadir a los demás miembros del cabildo y a la ciudad, un asunto a que por sí mismos estaban ya bastantemente inclinados. Trataron de acuerdo con el padre Concha, y este pasó la noticia al padre provincial, que admitió gustosamente la propuesta. El arcediano, ya que algunas justas obligaciones no le daban lugar a hacernos, como había deseado, donación de la casa en que había hospedado a los misioneros, hizo por lo menos toda la caridad que pudo rebajando mucho de su valor, y vendiéndola a la Compañía en solos nueve mil pesos, a pagar en diversos plazos. Estaban las casas en el sitio mejor de la ciudad, a una cuadra de la Catedral, plaza mayor y casas de cabildo, justamente en aquel mismo lugar en que hoy está el colegio. Para dar asiento fijo a la fundación, pasó a la Puebla el padre Pedro Sánchez con el padre Diego López de Mesa, a quien dejó por superior de aquella casa, de que se tomó jurídica posesión el día 9 de mayo de 1578.