Explore "Historia de la compañía de Jesús en Nueva España" by Francisco Javier Alegre on Textopian. Read with annotations and highlights.
No había gozado solo México del tesoro de las reliquias, algunas se enviaron también a Oaxaca y Pátzcuaro. Esta ciudad, a quien se había despojado poco antes de las que había mandado traer de Roma, y colocado en su iglesia el señor don Vasco de Quiroga, se llenó de sumo júbilo, cuando las vio reemplazadas por las que se colocaron en nuestra casa, disponiendo así la Providencia, que para merecer la afición de aquella provincia, entrase la Compañía en todos los derechos y acciones de aquel venerable prelado. Sobre todo, les había encantado la benevolencia con que habían querido permanecer entre ellos, aun con pérdida de los bienes temporales. En efecto, el padre provincial Pedro Sánchez, de concierto con los señores capitulares, partió la renta que estos se habían obligado a dar para alimentos del colegio de Pátzcuaro. Viviendo los fundadores, y habiendo sido aquella primera fundación, como provisional, mientras se verificaba la traslación intentada ya desde en tiempo del señor Morales, no se necesitaba más que el consentimiento del padre provincial, quien hubo de condescender, y cuya condescendencia aprobó después el padre general, a quien privativamente pertenecía, según nuestro instituto. Este socorro pareció necesario al colegio de Valladolid que se miraba ya como el principal de aquellas provincias; pero hacía notable falta al de Pátzcuaro. La Providencia del Señor remedió bien pronto esta necesidad. El licenciado don Juan de Arbolancha, noble vizcaíno, y de un conocido afecto a nuestra religión, vino enfermo poco después a la ciudad del partido de Guacana, cuyo pingüe beneficio había obtenido por muchos años. Quiso vivir en el colegio, y pidió con instancia ser admitido en la Compañía. La avanzada edad y enfermedades, no dejaron arbitrio para recibirlo. Sin embargo, el poco tiempo que sobrevivió, se mantuvo en el colegio, a quien quiso dejar por heredero de todos sus bienes. Fue enterrado en el mismo sepulcro de los nuestros, y mandáronsele hacer en la provincia los acostumbrados sufragios, como insigne bienhechor, a quien debió aquella casa las grandes creces que gozó después por largo tiempo. En el colegio de Valladolid pagó también el Señor a los padres la modesta y edificativa alegría que habían mostrado en sus trabajos.
Un año pasaron sin más renta que la caritativa limosna de San Francisco y San Agustín, y lo poco que de puerta en puerta mendigaban entre la corta y pobre vecindad, que se veían obligados a partir con algunos pocos estudiantes. Informado el señor virrey don Martín Enríquez de semejantes necesidades, conforme a su piedad y afecto a la Compañía, mandó se diesen a aquel colegio mil pesos cada un año de las carnicerías de Páztcuaro. Se comenzó a edificar casa proporcionada con una pequeña pero suficiente y acomodada iglesia, a que se agregó después una huerta capaz y hermosa, de mucha recreación y utilidad, según dejó escrito el mismo padre Juan Sánchez, a cuya actividad e industria debe todo su ser aquel colegio.