Explore "Historia de la compañía de Jesús en Nueva España" by Francisco Javier Alegre on Textopian. Read with annotations and highlights.
La ciudad de Veracruz no estaba antiguamente donde hoy está. Su situación era cinco leguas más arriba hacia el Norte a la rivera de un río caudaloso, que a poco menos de una legua, desagua en el mar. Por este río se conducían las mercadurías de Europa a la antigua Veracruz en barcas chatas proporcionadas a la poca profundidad del agua. Su barra varía incesantemente de fondo. El mar excitado de los nortes, más furiosos en esta costa que en alguna otra del mundo, suele cuasi segarla con la mucha arena que mete en la resaca, hasta que estando más sereno, la misma fuerza de la corriente se abre camino, y vuelve a arrojarlas al mar. Sus aguas son muy cristalinas y puras. Abundan varios géneros de pejes: de los más apreciados es el bobo, de que en lo más crudo del invierno se pesca un número increíble. Es también abundantísima la del pámpano a principios de la primavera. El temperamento del país es extremamente cálido y húmedo. Los fríos y calenturas son la enfermedad regional. Los mosquitos de varias especies y otros insectos perniciosos, causan a los extranjeros una suma inquietud. Esta antigua población, la primera de españoles en la Nueva-España, la fundó Hernando Cortés por los años de 1519. Le dio el nombre de Veracruz por haber desembarcado en esta región en viernes santo. Algunos le dieron entonces, y no deja de conservar aun entre algunos geógrafos el nombre de Villarica, o a causa de la riqueza que halló entre aquellos indios, o lo que es más verosímil, por la esperanza que le dio de gozar los tesoros de todo el imperio mexicano. Sus primeros alcaldes se dicen haber sido Alonso Hernández Portocarrero y Francisco de Montejo, a quien en premio de sus grandes servicios, de que hablaremos después, honró su Majestad con el título de adelantado. Un origen tan noble, parecía prometer mayores progresos que los que ha tenido en la serie. Según parece por las historias de la conquista, había en la vecindad de esta villa, muchas y muy numerosas poblaciones de indios, de que algunas pasaban de setenta mil. Si merece alguna fe Tomás Gage (autor por otra parte infame y de estilo tan corrompido, como lo fueron sus costumbres) en el año que llegó a este lugar, que fue el de 1634, había aun muchos indios, cuyo rendimiento y sumisiones refiere con un aire de sátira. En el día en más de diez leguas alrededor, no se encuentra una población considerable de indios, y por lo demás es el lugar más despreciable del mundo. Cuatro o cinco docenas de chinos y mulatos, que pasan de la pesca, son todas sus familias, sin más españoles que el cura y un teniente de gobernador. Las casas son de cañas y los techos de paja16. En todo el territorio no se podrá descubrir aun el más leve indicio de las ruinas antiguas.
El motivo y suceso de esta desolación, tendremos lugar de exponer más oportunamente en otra parte. Por los años de 1568 el pirata Juan Jaween, habiendo entrado en este puerto causó notable cuidado por no haber en él fuerzas suficientes a resistirle. Al día siguiente, 15 de setiembre, llegó con trece navíos de flota el excelentísimo señor don Martín Enríquez, que tuvo el honor de señalar los principios de su gobierno con la expulsión de aquellos famosos corsarios.