Historia de la compañía de Jesús en Nueva España

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Las islas que hoy llamamos Filipinas ignoramos qué nombre tuvieron antes de su conquista, aunque es bastantemente verosímil sean las mismas que llama Ptolomeo Maniolas. El lugar, el número, la longitud, latitud y abundancia de imán con que las caracteriza este famoso astrónomo, no distan mucho de lo que se ha visto después en estas islas. El primer español que las descubrió fue Hernando de Magallanes, en aquel célebre viaje en que dio vuelta al mundo por los años de 1521. Después de él tentaron la conquista de este país distintos capitanes, don García de López enviado de España, y Álvaro de Saavedra encargado de esta honrosa expedición por su pariente el marqués del Valle. Los dos murieron en el mar. Don Pedro de Alvarado, adelantado de Guatemala, obtuvo del rey la misma comisión, y murió estando para hacerse a la vela. Don Rui López de Villalobos que le sucedió por orden del virrey de México, después de muchas desgracias ocasionadas de su mala conducta, acabó consumido de tristeza en Amboino el año de 1546. El adelantado Miguel López de Legaspi fue el segundo que desembarcó en Zebú y luego en Manila. Zebú fue la primera población de los españoles en la Asia y el primer obispado de estas islas. Estableciose allí la religión de San Agustín de 1565. La conquista costó muy poca sangre. Después de una breve resistencia, se añadieron todas las islas, fuera de Mindanao que hasta ahora no se ha conquistado enteramente a la corona de Castilla. Los religiosos de San Francisco se fundaron en Manila por los años de 1577. Las más considerables islas de todo este archipiélago, que Magallanes llamó de San Lázaro, son la de Luson o Manila, la de Mindanao, en que predicó en otro tiempo San Francisco Javier, la de Paraguay, Babau y Lette, las de Mindoro, Panai, Isla de negros, Zebú y Bool. Estas están cercadas de otras muchas que pasan por todas de ciento sesenta. Ocupan desde el quinto hasta el vigésimo grado de latitud boreal poco menos. La isla principal de Luson tiene de largo como doscientas leguas, y como de treinta a cuarenta en su mayor anchura. Es de todas la más septentrional y la más poblada. La ciudad de Manila la fundó Miguel López de Legaspi el 21 de junio de 1571. El rey católico le dio armas y título de ciudad el 21 de junio de 1571. Gregorio XIII le hizo ciudad episcopal el de 78, y Clemente VIII la erigió en metropolitana el de 1595. La primera audiencia fue a Manila el año de 1584, y por primer presidente el doctor don Santiago de Vera. Está situada en la embocadura del río Pasig, que nace de la laguna de Bay y corre del Este a Oeste a arrojarse en el océano estragangen en 14 grados y 40 minutos de latitud septentrional. Las calles son anchas y tiradas a cordel.

Guarnece la plaza, que es un polígono irregular, una alta y espesa muralla con algunos baluartes y buena artillería, de que hay fundición allí mismo, como también fábrica de pólvora. Tiene muy buenos edificios: los principales son, la catedral, que fabricó el ilustrísimo señor don Miguel de Poblete en 1654, los conventos e iglesias de San Agustín, de San Francisco, de Santo Domingo y colegio de la Compañía. Dos colegios seminarios, el de San Juan de Letrán, a cargo de religiosos dominicos, y el colegio real de San José bajo la dirección de los jesuitas. El arzobispo tiene tres sufragáneos, el de Zebú en la ciudad del nombre de Jesús, fundación del mismo Legaspi en la costa oriental de la isla de este nombre, y la primera población de los españoles. El de Camarines en la nueva Caseres, que en memoria de su patria fundó el doctor don Francisco Sandi, segundo gobernador de Filipinas, y fue instituido por Clemente VIII el año de 1595, y el de Cagayán erigido el mismo año, y cuya capital es la Nueva-Segovia, que fundó el tercer gobernador don Gonzalo Ronquillo. Estos dos últimos están en la misma isla de Luson, el primero en la parte austral y el segundo en la septentrional, quedando el arzobispado en el centro del país. El temperamento es bastantemente cálido; pero sin embargo, saludable. El terreno fértil, y abundante de todo lo necesario a la vida, mucha la pesca de varios y exquisitos pejes, con quien compite la caza. Son muchos los animales, las aves y las plantas, no conocidas en la Europa. Los renglones de su comercio son el oro, las perlas, el ámbar, el imán, la algalia, la cera, la miel, la sal, el añil, el palo del Brasil, que allí llaman sibucao, el ébano y otras maderas exquisitas, mucho tabaco, alguna canela y más pimienta, aunque estas dos especies poco o nada se cultivan. Si a esto se junta la seda, la porcelana, el maque, el papel, la cotonía y otras especies preciosas que le vienen de China y del Japón: el clavo, la nuez moscada, el incienso, las chitas, zarazas y otras telas, el marfil, el alcanfor, el nácar, los diamantes y rubíes que vienen de toda la India Oriental y de la Persia. La plata, la grana y otras muchas cosas que llevan de la América, y por ella de la Europa, se formará un conjunto de preciosidades que la hacen una de las más ricas ciudades del mundo. Descripción de ManilaEsta opulencia atrae allí gentes de todas las naciones. La plaza de Manila es una asamblea de japones, de chinos, de árabes, de persas, de armenios, de malabares, de americanos, de españoles, de portugueses, de holandeses, de franceses, de ingleses y otros muchos de Europa que causan una hermosa variedad de trajes, de idiomas, de profesiones, de fisonomías y de talles. La comodidad y riqueza de estas islas les han atraído la persecución de algunas potencias.

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