Ulises criollo coverCAPÍTULO 7878
CAPÍTULO 7878

La familia

CAPÍTULO 7878Visible text2 paragraphs
Ahora tenía dos casas: la de mi esposa y la de mis hermanas. Sostenía la primera totalmente y ayudaba a mi padre en la atención de la segunda. Poco nos consumían a ambos las tres hermanas restantes, los dos muchachos y la abuelita. Los excesos de Lola consistían en llamar a un dulcero y comerle media tabla. Mela seguía rezadora; Samuel estudiaba, y a Carlos pude conseguirle trabajo bien remunerado en una compañía papelera de la que yo era abogado. A diario los veía a todos, por lo menos, un instante. En mi otra casa no todo era paz y concordia. Pequeñas rivalidades, oposiciones y diferencias de criterio y de gusto iban amargando la vida en común. Sin ningún motivo grave de desavenencia, el solo transcurso del tiempo trabajaba para desunir más bien que para atenuar disidencia. Padecía la pérdida de mi intimidad. Alguien inquiría ahora en mis asuntos, se creía con derecho a registrar mis papeles. Y no podía estar solo un instante. Una conciencia extraña interrumpía las horas del paseo solitario por la alcoba en que se meditan los planes del día siguiente, los problemas internos, o simplemente divagaba en ociosa y libre, imperturbable ensoñación. Constantemente oía hablar de derechos sobre mi libre persona. Sin cesar se me recordaba lo que debía hacer, lo que debía no hacer.
Cartel del Teatro Lírico.