CAPÍTULO 7979
De abogado de la legua
CAPÍTULO 7979Visible text2 paragraphs
Desde mi ingreso al bufete Warner, y especialmente en los tiempos de Zentella, había tenido que hacer viajes de negocios por distintos rumbos del país. Una de mis primeras comisiones la desempeñé en Zacatecas. Me tocó levantar el acta, legalizar el papeleo del consejo social de una empresa propietaria de minas. La ciudad que tantas veces había visto en panorama desde los vagones del ferrocarril, me abría ahora sus calles, que ya empezaban a verse desiertas. Casas amarillas de uno y de dos pisos, dinteles de cantería, pavimento de piedra irregular, plazoletas reducidas, circundadas de casas color ocre. Ambiente mineral. Apenas un estrecho jardín al lado de la Catedral de torre barroca primorosamente tallada. Por bajo el balcón del hotel circulaban mulas y burros con sacos de mineral. Sube olor de talabartería. El eco de las pezuñas herradas sobre el empedrado repercute en la fachada de piedra. En torno, ahogando casi la zona urbanizada, levantan su mole rojiza los montes. Sobresale el cerro de la Bufa, atalaya del viejo campamento de los gambusinos. Lo que abajo queda en palacios y templos es testimonios de bonanzas que ya son únicamente leyenda. Los conocedores nos advierten:
-Ya esto se acabó; están agotadas las vetas; nunca volverá a ser lo que fue.
