Ulises criollo coverCAPÍTULO 8989
CAPÍTULO 8989

De diplomático

CAPÍTULO 8989Visible text2 paragraphs
El primer consejo que en Washington me dieron fue de cambiar, por uno nuevo, mi sombrero ajado. Y como eran por mi humilde cuenta los gastos, me hospedé en cuarto de seis a la semana. Los primeros días hice turismo desde el Obelisco a la Biblioteca y el feo Capitolio. Por la noche, en un hotel de lujo, a la mesa del capitán Hopkins, recibía a los periodistas. Era Hopkins un new englander ciento por ciento. Entre sus gentes del Maine era obligatorio zambullirse en el pequeño lago de la casa solariega rompiendo el hielo con la cabeza. De talla reglamentaria: six footer, robusto aunque algo minado por el whiskey, conservaba los gustos errabundos de su casta de armadores y navegantes; así, con frecuencia, abandonaba el bufete de abogado capitalino para trasladarse a Guatemala o a Honduras, donde se había creado clientela. Y a fuerza de hacer y deshacer desde Washington rebeliones y conspiraciones centroamericanas, se había hecho perito en el oficio de manejar la propaganda periodística y asegurar la tolerancia del filibusterismo. Por lo pronto, acababa de salvar a Sánchez Azcona de las maquinaciones del hermano de Calles y de los diplomáticos porfiristas establecidos en Washington.
El Capitolio, en Washington, D. C.