CAPÍTULO 101101
El reverso de la medalla
CAPÍTULO 101101Visible text2 paragraphs
Era yo feliz con dicha de esas que no piensan, no miden ni comparan. Feliz en la carne y en los huesos, como si un cuerpo nuevo y lozano me hubiese nacido por gracia. La visión de sus ojos entrecerrados por el deleite me perseguía a cada instante, me embriagaba. Ahora me servían los sentidos. Por cada poro corría la misma avidez y el deseo satisfecho se renovaba. Antiguamente y en otras aventuras, pronto a la sorpresa placentera sucedía el cansancio, cuando no el asco. Ahora el placer se volvía profundo y recordarla era como arder en llama viva. Beber y beber y sentir que la sed crece dulcemente. Exprimir y juntar los cuerpos sin que se agote el ansia que devora las almas. No alcanza el lenguaje, no expresa ninguna imagen el hondo drama del goce que vibra músicas y el alma que apetece unión. Como quien cava en un abismo, la sensación de infinito crece y el destino se doblega. Todo el universo parece concurrir a una misteriosa consumación.
Elena Arizmendi.
