Ulises criollo coverCAPÍTULO 107107
CAPÍTULO 107107

Madero, gobernante

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Nunca prometió Madero imposibles, por más que sus enemigos lo tacharon de demagogo. Desde sus primeros discursos a los obreros de Orizaba, recordó que el secreto de la prosperidad está en el trabajo y no en la engañifa de sistemas que adulan a tal o cual clase de la población. Sin incitar al indio contra el blanco, inició la tarea de despertar a la raza vencida; sin proclamarse de derecha o de izquierda, estuvo siempre atento al mayor bien de los humildes, sin preocuparse de la enconada hostilidad de los explotadores. Más allá de lo económico también vio su atención de estadista. Durante su Gobierno la educación pública recibió el primer gran impulso de difusión. En los mejores tiempos de la administración porfirista, el presupuesto de educación pública no alcanzó más de ocho millones de pesos. Madero elevó el presupuesto de Educación a doce millones, y con el aumento estableció las primeras escuelas rurales sostenidas por la Federación. La Universidad le fue antipática por su positivismo, que él quería sustituir con un espiritualismo libre. Su empeño de difundir la enseñanza respondía al deseo de cimentar la democracia. Desde el principio nuestra sociedad padece la periódica invasión de la barbarie del campo sobre los centros de cultura que se forman en la ciudad. Cada revolución ha sido desencadenamiento salvaje que arrasa el trasplante europeo penosamente cultivado por mestizos y criollos. Así, nuestras ciudades son islotes en un mar de incultura.
Francisco I. Madero (1873-1913)