Diario Íntimo coverCapítulo 154
Capítulo 154

Parte 2: Cuaderno 2

CAPÍTULO 154

Capítulo 154Visible text2 paragraphs
Para justificar mi excesiva locuacidad, mi constante charlatanería, tenía costumbre de decir que pensaba en voz alta y que el día en que recogía más ideas y más notas atesoraba para mis trabajos era el día en que había hablado más. He tomado al prójimo de ¡oh, amado Teótimo! para ejercitarme, de paciente oyente. Y es claro, todas las ideas que de esta charla brotaban eran ideas de charla, ideas de mundo, fuegos fatuos, juegos de conceptos. De aquí ese condenado conceptismo que ha borrado toda la sencillez de mis trabajos. Tal vez lo que haya en ellos de puro, de limpio, de bueno, es lo poco que ha brotado del silencio, algo como aquel pasaje de mi novela en que la madre ruega a la Virgen por su hijo muerto en campaña, pasaje que lo maduré visitando la basílica de Santiago en silencio y solo.
"«Las más de las veces hablamos en la conversación más de lo que los demás quisieran que hablásemos»", dice el P. Faber. "«Dios quiere -decía Fenelón a una persona- que seas sabia no a fuerza de hacer muchas reflexiones, sino al contrario, destruyendo todas las inquietas reflexiones de tu falsa sabiduría. Cuando ya no obres por efecto de tu natural vivacidad, entonces serás sabia sin tu propia sabiduría. Los movimientos de la gracia son simples, ingenuos, infantiles. La naturaleza impetuosa piensa mucho y habla mucho. La gracia discurre poco, porque es sensible, pacífica e interiormente recogida»".