Subcapítulo 5
Parte 3: Tercera Parte · Capítulo 1: El Hombre Nuevo
SUBCAPÍTULO V
Subcapítulo 5Visible text2 paragraphs
Entre otras prendas eminentes, dio el Cielo a Felisita una curiosidad a prueba de secretos, pues mientras más enigmáticas eran las cosas, más empeño ponía ella en descifrarlas. No habría tenido precio para egiptóloga, y si la emprende con los jeroglíficos de Menfis o con cualquier clase de garabatos en piedra o papiro, de seguro que les saca toda la enjundia que tuvieran, y aun un poco más. Su vista era de lince; su oído cazaba al vuelo toda sílaba perdida y las inflexiones lejanas de la voz. Desde que su hermano y Guerra se encerraron en el despacho o gabinete del primero, no tuvo sosiego, y para poder arrimar el hocico a la vidriera, despidió a sus amigas a fin de quedarse sola. Deslizose a lo largo de la sala, cuyas maderas cerró completamente para rodearse de obscuridad; sus zapatillas de fieltro eran el silencio mismo; pasó, cual si fuera a caza de un ratón, agachándose junto a los vidrios y aplicando la oreja derecha, que era la más lista de las dos y la que principalmente funcionaba en casos de espionaje mayor.
«¿Qué tratarán? ¿Será cosa de compras de tierras? No sé para qué quiere este hombre más fincas, cuando tiene ya media Sagra. ¡Ay, las tierras! no las puedo ver. Siempre pensando en el nublado, en el pedrisco. Y por causa de las condenadas tierras, tiene una que alegrarse cuando llueve, yo que detesto la lluvia.
