Subcapítulo 9
Parte 3: Tercera Parte · Capítulo 3: Caballería Cristiana
SUBCAPÍTULO IX
Subcapítulo 9Visible text2 paragraphs
No muchos días después de Pascua de Resurrección, dispuso Ángel explanar el terreno en que había de asentarse la proyectada casa religiosa, y no bajaban de cuarenta los trabajadores que en esto se emplearon. Virones hacía de listero, y Mateo de capataz. El apóstol llamado Maldiciones volvió el domingo de Pascua, muerto de hambre, y pidió perdón al amo, rogándole que le admitiese, juntamente con un compañero que traía, apóstol auténtico, pues fue de los agraciados aquel año con la limosna del Lavatorio. Uno y otro fueron bien recibidos, y por cubrir el expediente hicieron como que trabajaban; pero no hacían más que charlar y fumar cigarrillos, esperando las horas de comida y cena.
Confirmó Lucía la noticia de que la hermana del Socorro no prestaba ya servicio de enfermera en casa de Zacarías. La razón de su ausencia o la ignoraba o no quería decirla. Lo que sí aseguró fue que su hermana, desde la partida de Sor Lorenza, carecía de asistencia formal, que allí escaseaba todo, los medicamentos y hasta la comida, porque Zacarías miraba más a sus amigotes que a su mujer. Oír esto y decir Guerra «vamos allá», fue todo uno, y la ciega con grandísima efusión de fe y cariño le contestó: «Si el señor va, la paz será con mi pobre hermana. El señor lleva consigo los consuelos de Dios, y allí donde él entra no puede durar la tristeza».
