Ángel Guerra coverSubcapítulo 11
Subcapítulo 11

Parte 3: Tercera Parte · Capítulo 3: Caballería Cristiana

SUBCAPÍTULO XI

Subcapítulo 11Visible text2 paragraphs
Volvió Guerra a ocupar su sillón, y la candorosa ciega el lugar donde pasado había la primera parte de la noche. Rezaba a media voz. Poco después del diálogo referido, Ángel sintió a María Antonia hablando quedamente con su enfermera. Acercose a la puerta de la alcoba, y oír pudo estas desvariadas expresiones: «Hermana Lorenza, ángel de Dios, ¿y qué debo daros en cambio de lo que me dais? Me curáis con vuestra propia carne y me dais vuestra sangre y vuestra vida.
Contestole la vecina en términos cariñosos, llevándole el genio, y la incitó al descanso y a tomar la pócima que la ofrecía. Pero María Antonia no se mostraba sensible a tan razonables exhortaciones; negábase a tomar el brebaje, y con descompasado mover de brazos y febril brillo de los ojos, decía: «Pero si estoy curada, Gumersinda. ¿No lo ves? ¿Pero no lo ves? Haz el favor de apartarte a un lado, que no me dejas mirar a la otra, a la bonita, a la que trae recados del Padre Eterno y al oído me los dice. No sé a cuento de qué os oponéis todas a que me cure la hermanita. Ella quiere, y vosotras, entrometidas, puercas, sinvergüenzonas, no la dejáis. es lo que veo. no la dejáis. Os habéis propuesto que yo me pudra en este puño de cama; pero no lo conseguiréis, no, no lo conseguiréis. Tengo mi ángel, que ahora está detrás de ti. le veo la toca blanca. y los ojos le bailan detrás de los tuyos que están fijos en mí. No, no me abandona la Sor salada, y en cuanto la dejéis acercarse a mí, me curará. Me lo prometió, de parte del señor de Dios, el cirujano presupotente, y lo ha de cumplir. (Inquieta.) Pero hazte a un lado, mujer. ¡Que siempre has de plantarte entre la Sorita y yo, para no dejarla que me cure! Gumersinda, tú antes no eras así. ¿Por qué te has vuelto tan mala? ¡Envidiosa! Como no has podido criar a tu hijo, porque se te secó la leche ¡ja, ja! no quieres que yo. Pues mira, yo pensaba criarte el tuyo. límpiate ese moco. criártelo junto con el mío, que para todos hay, y aún me sobra. mira. Si te da dentera de vérmelas, rabia y rabia y rabia».