CAPÍTULO 43
PARTE 2: SEGUNDA PARTE
CAPÍTULO 43
CAPÍTULO 43Visible text2 paragraphs
A veces Antón Jmélkov se sentía horrorizado por su trabajo, y por la noche, cuando se acostaba en el catre y oía las risas de Trofim Zhuchenko, un miedo frío y angustioso atenazaba su corazón.
Las manos de Zhuchenko, esas manos de dedos largos y gruesos que cerraban las compuertas herméticas de la cámara de gas, siempre le causaban la impresión de estar sucias, y por esa razón le daba asco coger el pan de la misma cesta que su compañero.
