Explore "El cautivo de Doña Mencía" by Juan Valera on Textopian. Read with annotations and highlights.
La soledad y la monotonía de la existencia de la alcaidesa no habían / tenido la menor alteración a pesar de una extraña novedad que había en / el castillo desde hacía una semana. Doña Mencía custodiaba en él a un / huésped, o, mejor dicho, a un prisionero. Su primo D. Diego había / exigido que le custodiase, imponiéndole además como un deber el / abstenerse de preguntar el nombre del huésped, el cual, por su parte, / había prometido también no revelar su nombre. Don Diego tenía grande / interés en que no se supiese el nombre de su prisionero, y hasta en que / se ignorase que tenía prisionero alguno. Por eso no quiso llevarle ni a / Cabra ni a Baena, y le llevó al castillo de doña Mencía, donde no había / más gente que la guarnición, y bajo cuyo amparo no se había fundado aún / la villa que hoy existe. Doña Mencía tuvo que ceder a la imposición de / su primo; pero gustaba tanto de la soledad, y era tan poco lo que le / importaban los sucesos del mundo, que no quiso ver al cautivo que su / primo le trajo, y le confió a Nuño, para que éste le vigilase, alojase y / cuidase con esmero, como a persona principal, y según D. Diego quería.
La dama del castillo supo sólo que su huésped o prisionero era un rapaz / imberbe, que tendría dieciséis años a lo más, y del que D. Diego se / había apoderado, sorprendiéndole sin armas y en compañía de otros / rapaces cazando pajarillos con red y con liga, cimbel y reclamos, en las / orillas de un arroyo no lejos de Monturque.