Explore "Oriente" by Vicente Blasco Ibáñez on Textopian. Read with annotations and highlights.
Bandas de cisnes, unos blancos, otros negros, cortan, con majestuosa natación, las atropelladas aguas de un río ancho y azul; casas enormes, de puntiagudos techos, asoman por encima de la arboleda de los muelles; más allá, las verdes colinas se abren, mostrando por el ancho desgarrón una superficie glauca y ligeramente ondulada, como un pedazo de mar; más allá aún, cierra el horizonte una muralla de montañas, esfumadas por la distancia, y entre dos de sus cumbres se ve algo así como un amontonamiento de nubes que á ciertas horas, bajo la luz anaranjada del sol, toma las formas de un bloque inmenso de cristal, con agudas aristas. El río en que nadan los cisnes es el Ródano, que acaba de nacer; la ciudad es Ginebra; el pedazo de mar, el azul lago de Leman, y el cristalino amontonamiento que parece flotar en el espacio, más allá de las montañas, el famoso Mont-Blanch.
En Ginebra la realidad no responde á las ilusiones y simpatías que trae el viajero como producto de sus lecturas. ¿Quién no ha amado á la tranquila ciudad suiza, la "Roma protestante", que durante dos siglos fué el refugio de todos los rebeldes de Europa, en guerra con los papas y los reyes? El respeto á la libertad humana fué y es aún un dogma religioso del pueblo ginebrino. Teniendo que luchar siglos y siglos contra los duques de Saboya y contra sus propios arzobispos soberanos para conseguir la independencia, los ginebrinos, conocedores de lo que cuesta la libertad, la respetaron siempre en la persona del extranjero.