Los bandidos de Río Frío coverCAPÍTULO 30
CAPÍTULO 30

PARTE II

Las paredes oyen

CAPÍTULO 30Visible text2 paragraphs
Meses hacía que Relumbrón no ponía los pies por la Alcaicería. Su compadre estaba muy inquieto, lo había buscado diversas veces en su casa, y ya se decidía a visitar a doña Severa y saber si alguna cosa grave le había pasado, cuando el mismo coronel en persona penetró hasta el saloncito que ya conoce el lector.
-De intento -dijo Relumbrón a su compadre tomándole la mano y estrechándosela con afecto- he escogido un domingo, y como quien dice de madrugada, para hablar detenidamente y que nadie nos interrumpa. Si pierde usted, tal vez, la misa de once, oirá dos, y quedará a mano con la Iglesia.