CAPÍTULO 51
PARTE II
Las libranzas de «Relumbrón»
CAPÍTULO 51Visible text2 paragraphs
Relumbrón quedó muy disgustado de la tentativa contra Pepe Carrascosa. Se había propuesto hacerse de algunos diamantes y perlas de alto precio, y, sobre todo, del relicario. Doña Severa y Amparo, que no eran más que bondad y cariño para él, habían entrado en una frialdad tan grande que no hablaban dos palabras en la mesa, y a cuantas cuestiones promovía de intento, no contestaban más que con monosílabos. Las mujeres son así. Doña Severa hubiera perdonado, como perdonaba en su interior, veinte infidelidades de su marido, y no podía tolerarle que por unos cuantos pesos hubiese dejado escapar una reliquia tocada al sepulcro de Jesucristo; Amparo, aunque sumisa y respetuosa, seguía el humor de la madre y no dejaba también de tener en el fondo un poquillo de sentimiento de que su padre, conociendo sus inclinaciones religiosas, no le hubiese ofrecido un obsequio que hubiera agradecido más que un collar de diamantes.
El tuerto Cirilo, con una insolencia que ya pasaba de la raya, se quejó con doña Viviana, y dijo que esa puerca que se había colocado de recamarera con Carrascosa lo había vendido y metido en la casa a su compinche, y que la Luz y el querido antes de una semana serían asesinados. Doña Viviana, lo calmó, pero él en sus trece; entregó muchos milagritos antiguos de plata y oro, botonaduras de calzoneras y varias chucherías por ese estilo, y se guardó lo mejor que había robado de los armarios de Pepe Carrascosa.
