Los bandidos de Río Frío coverCAPÍTULO 52
CAPÍTULO 52

PARTE II

San Vicente y Chiconcuac

CAPÍTULO 52Visible text2 paragraphs
Relumbrón se detuvo en Río Frío, donde Evaristo, como de costumbre, le tenía preparado un buen almuerzo en la taberna alemana. Allí los dos vomitaron infernales injurias contra don Pedro Cataño, contra el Gobierno, contra los ricos de México, contra el género humano, y quedó convenido que Evaristo se pondría a la cabeza de la expedición y la noche menos pensada caería sobre San Vicente y Chiconcuac, robaría, mataría, destruiría las calderas y cuanto pudiera, y de allí se iría a Santa Clara a hacer lo mismo con los Garcías.
Los más perversos y atrevidos valentones de Tepetlaxtoc se habían desperdigado por el Bajío, formando cuadrillas de cuatro, seis y ocho hombres que, ya caían a una hacienda, ya a otra. Las poblaciones de Celaya, Salamanca, Irapuato, estaban aterrorizadas, pues la audacia de los bandidos llegó hasta penetrar a la Cañada de Marfil, lo que obligó al gobernador a salir en persona con sus secretario y la fuerza de que pudo disponer para perseguirlos y exterminarlos; pero en la noche volvió triunfante sin haberles podido dar alcance.