Los bandidos de Río Frío coverCAPÍTULO 54
CAPÍTULO 54

PARTE II

Celos indiscretos

CAPÍTULO 54Visible text2 paragraphs
Juliana era lo que puede llamarse una buena mujer en la extensión de la palabra, sobre todo muy segura, como dicen familiarmente nuestras señoras cuando quieren abonar de honrada a una sirvienta. En efecto, los relojes, las piedras preciosas, los pedacitos de oro y de plata, los arreglaba todos los días Juliana en la mesa y cajones de su amo el platero, sin que en años le hubiese faltado la más insignificante cosa, pues hasta las perlitas que solían caer al suelo, las levantaba al barrer y las echaba en una cajita de cartón, sin decir una palabra ni hacer mérito de ello. En cuanto a su ocupación principal en la cocina, difícil hubiese sido encontrar quien la mejorase. Por inclinación y especiales disposiciones de su naturaleza, era una buena cocinera, pero ella había querido perfeccionarse y sobresalir en su noble arte adquiriendo recetas de guisos, pasteles y dulces, que por las noches escribía para que no se le olvidaran, con una letra no del todo mala, y así había logrado formar una colección que ya tenía honores de libro, pues cuando tenía, por diversos ensayos, la certeza de que la receta era buena, la cosía con hilo a las que ya tenía experimentadas.
El platero, que no era goloso sino gastrónomo, y que le gustaba comer bocaditos, estaba encantado con su criada.