Los bandidos de Río Frío coverCAPÍTULO 60
CAPÍTULO 60

PARTE II

Magnetismo

CAPÍTULO 60Visible text2 paragraphs
La Lucecilla, que había adquirido una repentina influencia sobre todas las gentes de la hacienda con la milagrosa curación de la condesa, ordenó que todos saliesen de la recámara y la dejasen sola con ella. A las lágrimas silenciosas siguió un abatimiento y una debilidad tal, que no permitía a Mariana ni levantar su cabeza, reclinada en el robusto y abundante seno de la muchacha. Así pasó más de media hora, y observando Lucecilla que la condesita había cerrado los ojos, y creyendo que un sueño tranquilo completaría la curación, la colocó suave y delicadamente en los almohadones, cerró las ventanas y se sentó en un sillón para observarla y cuidarla, no permitiendo la entrada ni al mismo Robreño, que cada minuto se acercaba a la puerta, ansiando estrechar en sus brazos a la adorada mujer que tanto había sufrido por él.
Al cabo de tres horas despertó Mariana, y un alienista (si los hay) habría podido observar fenómenos sorprendentes. Sus ojos, saltones y fijos, habían entrado en sus órbitas y vuelto a recobrar la expresión y el brillo como en los días felices en que corría alegre por las praderas de la hacienda asida del brazo de su amante; su fisonomía tranquila no daba muestras de ningún sufrimiento, y se acordaba con calma y resignación de sus tiempos de soledad y de tristeza. Con una lucidez admirable comenzó a interrogar y a platicar con la Lucecilla, siguiendo un orden metódico, como quien ha clasificado con anterioridad en su cerebro la serie de cuestiones que tiene que tratar.