Explore "El tercer hombre" by Graham Greene on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cuando Martins me contó que había ido a casa de Anna y no la había encontrado, me puse a pensar en serio. No estaba satisfecho ni con la historia de fantasmas ni con la idea de que el hombre con los rasgos de Harry Lime fuera el producto de la alucinación de un borracho. Saqué dos planos de Viena y me puse a compararlos. Llamé a mi ayudante y, mientras mantenía a Martins tranquilo con un vaso de whisky, pregunté si había logrado localizar a Harbin. Me dijo que no; entendí que se había ido de Klagenfurt hacía una semana para visitar a su familia en la zona vecina. Uno siempre lo quiere hacer todo por sí mismo; debe evitar culpar a sus subalternos. Estoy convencido de que yo no habría permitido nunca que Harbin se escabullera, pero probablemente habría cometido toda clase de errores que mi subalterno habría evitado.
«Está bien», dije. «Intente localizarle».