CAPÍTULO 60
PARTE 2
De lo que le sucedió a Don Quijote yendo a Barcelona
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Continuaron camino de Barcelona y en él, sesteando entre unas espesas encinas o alcornoques, sucedió el más triste suceso de tantos tan tristísimos como la historia de nuestro Don Quijote encierra. Y fué que desesperado Don Quijote de la flojedad y caridad poca de Sancho su escudero, _pues a lo que creía solos cinco azotes se había dado, número desigual y pequeño para los infinitos que le faltaban_ por darse si había de desencantar a Dulcinea, determinó azotarle a pesar suyo. Intentó hacerlo, resistióse el escudero, forcejeó Don Quijote y viéndolo Sancho Panza, _se puso en pie y arremetiendo a su amo, se abrazó con él a brazo partido, y echándole una zancadilla dió con él en el suelo boca arriba; púsole la rodilla derecha sobre el pecho y con las manos le tenía las manos de modo que ni le dejaba rodear ni alentar_.
Basta ya, que oprime al ánimo más recio la lectura de este tristísimo paso. Tras las burlas de los Duques, la aflicción por la pobreza, el desmayo del heroísmo ante las imágenes de los cuatro caballeros y el molimiento por pies de animales inmundos y soeces, sólo faltaba, como suprema tortura, la rebeldía de su escudero. Sancho se había visto gobernador y a su amo a las patas de los cabestros. El paso es de hondísima tristeza.
