CAPÍTULO 19
PARTE 12: De los «Cuadernos de la cárcel»
APOLITICISMO
CAPÍTULO 19Visible text2 paragraphs
Confrontar las observaciones dispersas sobre aquel rasgo del pueblo italiano que puede llamarse "apoliticismo". Este rasgo, naturalmente, es de las masas populares, esto es, de las clases subalternas. En los estratos superiores y dominantes le corresponde un modo de pensar que puede llamarse "corporativo", económico, de categoría, que por lo demás ha sido registrado en la nomenclatura política italiana con el término de "consorteria", una variación italiana de la "clique" francesa y de la "camarilla" española, que indican algo distinto, particular, sí, pero en el sentido personal o de grupo estrictamente político-sectario (vinculado a la actividad política de grupos militares o de cortesanos), mientras que en Italia el término indica algo más ligado a intereses económicos (especialmente agrarios y regionales). Una variedad de este "apoliticismo" popular es el "más o menos" de la fisonomía de los partidos tradicionales, el más o menos de los programas y las ideologías. Por esto también, en Italia hay un "sectarismo" particular, no de tipo jacobino a la francesa o a la rusa (o sea fanática intransigencia por principios generales y con ello el partido político que se convierte en centro de todos los intereses de la vida individual); el sectarismo en los elementos populares corresponde al espíritu de camarilla en las clases dominantes, no se basa en principios, sino en pasiones incluso bajas e innobles y acaba por aproximarse al "punto de honor" de la mala vida y a la omertà[1] de la mafia y de la camorra.
Este apoliticismo, unido a las formas representativas (especialmente de los órganos electivos locales), explica la capacidad de deterioro de los partidos políticos, que nacieron todos ellos en el terreno electoral (en el congreso de Génova la cuestión fundamental fue la electoral); esto es, los partidos no fueron una fracción orgánica de las ciases populares (una vanguardia, una élite), sino un conjunto de buscavidas y mequetrefes electorales, una reunión de pequeños intelectuales de provincia, que representaban una selección al revés. Dada la miseria general del país y la desocupación crónica de estos estratos, las posibilidades económicas que ofrecían los partidos estaban lejos de ser despreciables. Se ha sabido que en algunos lugares, cerca de una décima parte de los inscritos en los partidos de izquierda juntaban una parte de los medios para vivir de las comisarías de policía, que daban poco dinero a los informantes dada la abundancia de éstos, o les pagaban con permisos para actividades marginales de tipo vagabundo o con la impunidad para ganancias equívocas. En realidad, para ser de un partido bastaban pocas ideas vagas, imprecisas, indeterminadas, difusas. Era imposible toda selección, faltaba cualquier mecanismo de selección y las masas tenían que seguir a estos partidos porque no existían otros.
