CAPÍTULO 21
PARTE 12: De los «Cuadernos de la cárcel»
LAS IDEAS DE AGNELLI
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Algunas observaciones preliminares sobre el modo de plantear el problema tanto por parte de Agnelli[1] como de Einaudi: 1] Respecto a que el progreso técnico no se produce "evolutivamente", un tanto cada vez, por lo que se pueden hacer previsiones dentro de ciertos límites: el progreso se produce por impulsos determinados, en ciertos campos. Si fuese como razona especialmente Einaudi, se llegaría a la hipótesis del país de Jauja, en donde las mercancías se obtienen sin trabajo alguno. 2] Después, la cuestión más importante es la de la producción de alimentos: no se piensa que "hasta ahora", dada la multiplicidad de niveles de trabajo más o menos avanzados técnicamente, el salario ha sido "elástico" sólo porque se ha permitido, dentro de ciertos límites, una cierta redistribución de los alimentos y especialmente de algunos de éstos, de aquellos que dan el tono a la vida (junto a los alimentos es necesario poner el vestido y el alojamiento). Ahora bien, en la producción de alimentos los límites a la productividad del trabajo se hallan más marcados que en la producción de bienes manufacturados (y se entiende "cantidad global" de los alimentos, no sus modificaciones mercadológicas, que no aumentan su cantidad). Las posibilidades de "ocio" (cu el sentido de Einaudi) más allá de ciertos límites, son dadas por la posibilidad de multiplicación de los alimentos como cantidad y no por la productividad del trabajo, y la "superficie de la tierra" con el régimen de las estaciones, etcétera, determinan límites férreos, por más que deba admitirse que antes de alcanzar tales límites nos quede aún mucho camino.
Las polémicas tipo Agnelli-Einaudi hacen pensar en el fenómeno psicológico de que durante el hambre es cuando más se piensa en la abundancia de comida: son irónicas, por decir lo menos. Además la discusión es equivocada psicológicamente, porque tiende a hacer creer que la actual desocupación es "técnica", y esto es falso. La desocupación "técnica" es poca cosa en comparación con la desocupación general. Por otra parte, el razonamiento se hace como sí la sociedad estuviese constituida por "trabajadores" e "industriales" (dadores de trabajo en sentido estricto, técnico), lo cual es falso y conduce a razonamientos ilusorios. Si así fuese, dado que el industrial tiene necesidades limitadas, la cuestión sería realmente sencilla: la cuestión de recompensar al industrial con sobresueldos o premios de capacidad sería cosa de nada y algo que ningún hombre sensato se negaría a tomar en consideración: el fanatismo de la igualdad no nació de los "premios" que se conceden a los industriales capaces. El hecho es éste: que, dadas las condiciones generales, la mayor ganancia creada por los progresos técnicos del trabajo crea nuevos parásitos, o sea gente que consume sin producir, que no "cambia" trabajo por trabajo, sino el trabajo de los oíros por su propio "ocio" (y ocio en el sentido peyorativo). Dada la relación antes apuntada sobre el progreso técnico en la producción de alimentos, ocurre una selección de los consumidores de alimentos, en la cual los "parásitos" entran en la lista antes que los trabajadores efectivos y especialmente antes que los trabajadores potenciales (o sea, los actualmente desocupados). De esta situación es de donde nace el "fanatismo" de la igualdad, y seguirá siendo "fanatismo", esto es, tendencia extrema e irracional, mientras dure tal situación. Se ve que desaparece allí donde se ve que por lo menos se trabaja para hacer desaparecer o atenuar tal situación general.
