Explore "Los hijos muertos" by Ana María Matute on Textopian. Read with annotations and highlights.
Al otro día, Daniel Corvo bajó, decidido. Emprendió el camino, seguro. Y sin embargo, cuando estuvo ya allí, cuando se paró a las puertas del Valle de las Piedras, pensó: «No sé cómo he llegado aquí».
Era ya mediada la tarde. Anduvo mucho mucho rato. Sentía un dolor lento en la cintura, trepándole espalda arriba. El barracón de los presos, sobre su pequeña explanada en alto, rodeado por la empalizada, aparecía gris y silencioso. Daniel avanzó despacio, como si estuviera seguro de que alguien le aguardaba.