El peor bicho

El peor bicho de José María de Pereda (1876)

«El peor bicho» es un ensayo satírico y moralizante en el que Pereda sostiene, con ironía sostenida y ejemplos concretos, que el ser humano es la criatura más cruel y dañina que habita la tierra. El texto arranca con una inversión hipotética: si los animales pudiesen juzgar a los hombres como estos los juzgan a ellos, ningún ser humano —ni el hombre de bien, ni la mujer de su casa, ni el niño cándido— se salvaría de una condena. Pereda establece desde el principio que su objeto de crítica no es el criminal ni el tirano, sino el hombre ordinario y presuntamente virtuoso, lo cual agudiza el efecto satírico. Sentado ese principio, el autor recorre un catálogo de crueldades cotidianas que el ser humano comete sobre los animales con total naturalidad y sin remordimiento alguno. Describe la matanza de un cabritillo con ternura deliberada —el animal lamía la mano de quien iba a degollarlo—, el degüello de las gallinas para obtener caldo de enfermo, la masacre industrial de reses en los mataderos, y, con particular extensión y detalle, la matanza del cerdo: un ritual festivo y comunitario en el que la agonía del animal se convierte en espectáculo y motivo de burla colectiva. A estos actos de violencia estructural y cotidiana, Pereda añade retratos de personajes tipo. Don Serafín Rosicler es el rentista pacífico y apacible que sale cada mañana a cazar pajaritos; los trae heridos a casa y los entrega a sus hijos, quienes los torturan metódicamente hasta la muerte, tirándoles de las patas rotas o arrojándolos vivos a la lumbre. Don Cleofás es el sabio que llena su gabinete de animales para experimentos: les administra venenos lentos, les diseca arterias en vivo o les abre el estómago para estudiar la digestión, todo en nombre de una ciencia que, observa el autor, no ha hecho la vida humana más larga ni más feliz. Juan golpea a sus bueyes cada vez que resbalan bajo una carga excesiva; Pedro azota a su caballo durante quince años de servicio y al final lo vende a la plaza de toros para que muera destripado ante una multitud entusiasta que pide más caballos a gritos y llama sardinas y obleas a los pobres jacos. La corrida de toros ocupa un lugar central en el ensayo como paradigma de la crueldad institucionalizada y aplaudida: la prensa ilustrada llama «voluntarioso» al toro que destroza siete caballos y condena al picador que, para sobrevivir, hiere indebidamente a la fiera. Pereda extiende la mirada a las carreras de caballos —donde los animales espinan con los pulmones entre los dientes—, a la pesca, a la caza deportiva en montes y bosques, y al exterminio masivo de perros callejeros con estricnina. El ensayo escala entonces hacia una argumentación filosófica. Pereda rebate el principio de que el mundo pertenece al hombre por derecho de especie: si el Creador pensó que el hombre utilizase el vellón de la oveja y el trabajo del caballo, no pudo ofrecerle los tormentos de esas criaturas como entretenimiento. La crueldad y la ingratitud son vicios humanos, no designio divino. El argumento culmina en la comparación entre el hombre y las bestias llamadas fieras. El lobo no devora al lobo, el león no mata al león; pero el hombre devora al hombre —literal y metafóricamente. Como pueblo, hace la guerra por un palmo de tierra o por una frase diplomática irresoluta, sacrificando miles de vidas que ni saben por qué mueren. Como individuo, explota a quienes están por debajo de él en la escala social, vende esclavos, acecha a sus enemigos con puñal, y en ocasiones arroja a sus propios hijos recién nacidos a una letrina. Para rematarlo todo, necesita una ley y un verdugo para matar legalmente a quien mató. El ensayo cierra con la cita de Plauto —«Homo homini lupus»— y con la amarga constatación de que esa enfermedad lleva veinte siglos agravándose sin remedio visible. El único consuelo que Pereda dice poder ofrecer a las especies sometidas es que Dios, si no interviene, no va a sanar al hombre en los siglos de los siglos.

By José María de Pereda · First published 1876 · Genre: Essay, Social Satire, Philosophical Literature · 4,904 words

First lines

Si cambiándose un día las tornas, ó trastrocándose los poderes, fueros y obligaciones entre los seres condenados á purgar sobre la pícara tierra el delito de haber nacido, se tomara residencia por los que hoy son sus esclavos al tiranuelo implume, al bípedo soberbio que habla y legisla de todo y sobre todo de tejas abajo, y aun, á las veces, osa levantar sus ojos profanos más arriba del campanario de su lugar, como si todo le perteneciera en absoluta indisputable propiedad, ¡magnífica lotería le iba á caer!

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